27.8.06

Alborazados, los inmigrantes ilegales demuestran su reconocimiento a la distinción que la UGT ha dado a la secretaria de Estado de Inmigración, la socialista Consuelo Rumí, en el trascurso de los actos programados durante la feria de Almería por el sindicato. Evidentemente el premio se debe a que gracias a su gestión cada vez más inmigrantes, lo que se supone que debe ser un éxito para su cargo.
¡Es una ironía!

TODOS HAN QUERIDO VENIR A VERTE, CONSUELO

Interceptados 12 magrebíes en una patera cerca de Alborán (Almería)
27 ago 11:42 AMAlmería.- Salvamento Marítimo de Almería interceptó esta madrugada a doce inmigrantes de origen magrebí, todos ellos varones y mayores de edad, a bordo de una patera que navegaba en las cercanías de la isla de Alborán (Almería).
Salvamento Marítimo rescata a 60 personas a bordo de una patera a 4 millas de la Isla de Alborán (Almería)
24 ago 08:35 El servicio de Salvamento Marítimo dependiente del Ministerio de Fomento rescató en la tarde de hoy a 60 personas, entre ellas ocho menores y dos mujeres, a bordo de una patera al norte de la Isla de Alborán (Almería), según informaron a Europa Press fuentes de Salvamento Marítimo.
Cinco nuevas pateras llegan a Almería con 42 magrebíes, dos de ellos menores
26 ago 08:42 Almería.- Salvamento Marítimo y la Guardia Civil de Almería han interceptado esta tarde a 42 inmigrantes magrebíes, dos de ellos menores de edad, en cinco pateras que navegaban hacia diversos puntos de la costa de Almería y que se suman a otras tres embarcaciones interceptadas esta mañana.
Ocho pateras llegaron a Almería con 70 inmigrantes
27 ago 05:33 Salvamento Marítimo y la Guardia Civil de Almería interceptaron a 70 inmigrantes magrebíes, dos de ellos menores de edad, en ocho pateras que navegaban hacia diversos puntos de la costa de Almería.
Arriban 43 inmigrantes en dos embarcaciones a Málaga y Almería
27 ago. Almería: Un total de 31 inmigrantes varones de nacionalidad marroquí, entre los que se encuentran al menos cinco menores, viajaban en la embarcación que ha sido interceptada esta madrugada por la Guardia Civil en el Puerto de Málaga, según han informado fuentes de la Subdelegación del Gobierno...
Otras dos pateras llegan a la costa de Almería con 21 personas sanas a bordo
Terra España - 26 ago 11:32 PMOtras dos pateras con 21 personas a bordo llegaron esta tarde a la provincia de Almería, según informó el servicio de Salvamento Marítimo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Son los nuevos votantes de ZP, consciente que los españoles solo le votan cuando promueve con la ETA un atentado tres días antes de las elecciones, utilizando a unos morillos delincuentes de medio pelo, y a todo sus enorme aparato mediático para culpar al gobierno del P.P. del atentado, y aún así GANAN POR MAYORÍA SIMPLE, con lo cual quedan aún más esclavizados de la izquierda más extremista y separatista.

Resultado: un Gobierno o Desgobierno (según se mire) inepto, ineficaz, muy efectista y poco efectivo, con una política zigzagueante, y más amigo de terroristas y dictadores, que del mundo libre.

Anónimo dijo...

Pero es que el PP tambien es culpable, siguio admitiendo inmigrantes sin hacer nada y tambien va a la caza del voto.:

¿CÓMO NOS VEN LOS INMIGRANTES?

He tenido muchas relaciones con magrebíes y andinos, tanto en España, como inmigrantes, como en sus países de origen en donde el inmigrante era yo. Lo que sigue son los juicios recogidos de una muestra lo suficientemente amplia de testimonios como para pensar que es posible llegar a conclusiones empíricas razonables y significativas. Así nos ven los inmigrantes... Las opiniones de estas personas son siempre subjetivas, pero basadas en algunos datos reales y, en cualquier caso, suponen una línea de tendencia.

Básicamente nos ven como:

“Débiles y atontados”

En la cárcel de la Santé conocí a un tunecino detenido por pequeño tráfico de drogas. Era joven y se había criado en Francia. Francia le había ofrecido lo que no existía en su país: educación, subsidios, posibilidades de formación. Era mucho más fácil comprarse un BMW último modelo a sus 20 años, traficando con cocaína. Además, despreciaba a los franceses. “Son débiles y atontados”, me decía. Me ponía como ejemplo, que cuando era tironero en Les Halles, sabía que si un ciudadano lograba detenerlo solamente tenía que gritar “racistes” histéricamente, para que lo soltaran. La clase media francesa se asusta con solo la posibilidad de que alguien pueda llamarles “racistas”. Todos los delincuentes magrebíes lo saben. En el Raval de Barcelona ya ha ocurrido el mismo episodio: al grito de “racistas”, una pareja de policías debió soltar al delincuente marroquí, intimados por la reacción de los viandantes. Por eso los inmigrantes consideran a los europeos, atontados.

No les cabe en la cabeza que los gobiernos europeos puedan dar subsidios, ayudas de todo tipo, a gentes como ellos que tienen muy claro lo que buscan: “pillar”. Piden una mezquita y las autoridades se la dan, delinquen una y mil veces y nunca terminan encerrados cuando en su país les cortarían la mano después, por supuesto, de la conveniente paliza en comisaría… Vulneran la ley de extranjería, violentan las fronteras y les obsequian con ropa nueva –además de marca-, alimentos gratuitos y les trasladan a la península en avión de lujo.

Todo esto les da la perspectiva a los inmigrantes de que los europeos somos DÉBILES y ATONTADOS. Débiles porque no sabemos defender lo nuestro, abrimos la puerta a delincuentes que vienen a robarnos y ni siquiera hay valor para encerrarlos en las cárceles y atontados porque no nos damos cuenta de que ellos cada vez son más fuertes y los europeos, menos, más sumergidos en la oleada migratorio, retirándonos de barrios enteros en los que la “limpieza étnica” es realizada con extrema eficacia y, todavía, subvencionando al invasor. ¿Cabrían más muestras de debilidad y tontería? Los inmigrantes tienen razón en percibirnos así.

“Depravados y afeminados”

El hijo de un gobernadorcillo local en Costa de Marfil nos intentaba explicar, mal que bien, que el SIDA era un invento europeo para acabar con los africanos. Textual. No añadimos ni una coma a la frase que nos soltó a la sombra del único tugurio de Pangamo en donde se podía conseguir una cerveza fresca. Y además añadía: porqué los europeos no se mueren del sida si se pasan la vida dándose por el culo. En francés, la frase sonaba solo levemente mejor. En el fondo, el marfileño en cuestión estaba diciendo algo que todos sabemos: hay una evidente depravación de las conductas en Europa.

Jonas Savimbi, línea de la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA) nos dio en cierta ocasión una lección que recordamos bien: “Para mí Europa es la cuna de la civilización, Grecia, Roma, las catedrales, el Renacimiento, la ciencia… pero vuestra Europa de hoy está en otro sitio, no es la mía”. Es triste que un africano tenga que dar lecciones a unos europeos sobre como ser europeos. Lo grave era que compartíamos el punto de vista de Savimbi. En el fondo, él se había criado en Europa, había conocido, Portugal, Francia, Suiza. Y era un hombre inteligente y valiente: en uno de sus viajes a Europa pudo percibir el derrumbe moral del continente. Pornografía a gogó, ausencia completa de valores éticos y morales, ridiculización de quien pretendiera tenerlos o defenderlos. Savimbi no era el único africano que tenía esta visión de Europa. Era cristiano, pero los islamistas no piensan diferente.

No me gusta el Islam, bebo moderadamente alcohol y los tacos de jamón me impiden tomarme en serio una religión que proscribe una y otra cosa. Pero reconozco que los niveles actuales de alcoholismo y drogadicción en Europa han rebasado límites alarmantes. Sin hablar de la ingesta de comida basura y el sobrepeso generado. Y, por supuesto, sin hacer referencia a la ruina ética del continente. Los inmigrantes tienen razón en vernos como depravados.

En todo el continente africano, cuando se logra entablar amistad con sus habitantes y se crea un mínimo lazo de confianza, la primera pregunta –inevitable- que te formulan es si en Europa todos somos “pedés” (homosexuales). La imagen del hombre y de la mujer europea que remiten los inmigrantes africanos a su país de origen es de que aquí los hombres se casan con hombres y las mujeres con mujeres, se besan en público (algo que los africanos te cuentan siempre entre carcajadas y muecas de asco). La homosexualidad es una infamia en el África negra e incluso en buena parte de la población magrebí. Lo cierto es que en estos horizontes la familia tiene todavía un gran peso en la sociedad y sigue siendo su “célula básica”.

A los africanos no les cabe en la cabeza que aquí la homosexualidad reciba los parabienes legales y sociales, mientras que el aborto y la eutanasia se consideran algo normal, pan de cada día en esta civilización decadente. Y lo que no entienden, sobre todo, cuando perciben que tú, en el fondo, piensas lo mismo, cómo es que permites esta situación y porqué no haces algo. Es difícil explicarles que tienen razón y que, en el fondo, la sociedad europea se ha relativizado primero y feminizado después y, lo que ha quedado, finalmente, es una mezcla de depravación y afeminamiento global.

Triste percibir que los inmigrantes no se han equivocado mucho en su percepción de Europa.

“Viven bien y comen mejor”

Según los estándares africanos y andinos, la vida del grueso de la población europea es una ganga. He conocido andinos para los que calzar abarcas era un lujo y muchos más que no conocieron el calzado hasta que fueron llamados para su servicio militar. Y tiene gracia porque en todos los países andinos, los jóvenes están orgullosos de servir a su país en el Ejército. Allí reciben ropa digna, comida y educación. No pueden concebir porque en Europa se abomina de las FFAA y se renuncia a servir a la patria. Y, justo es reconocer, que, una vez más, tienen razón.

Pero se equivocan en lo de la comida y el vivir bien. Aquí radica su error. Han llegado a lo que pensaban era una tierra de promisión y el problema es que ni para los de aquí ni a los recién llegados, atan los perros con longaniza. Aquí viven bien, los que viven bien, el resto viven a salto de mata. Ese es el futuro que les espera a la mayoría de inmigrantes. Un búlgaro que conocí en Madrid, de etnia turca, cobraba unos 600 euros al mes como peón no cualificado de la construcción. Se quedaba con 200 y enviaba los otros 400 a su familia. Dormía en un parque público en verano y en una caja de cartón en invierno. Con los 400 euros, su familia podía vivir seis meses (hace tres años) en Bulgaria. Vivir bien. No me negarán que hay algo de triste y primitivo, pero al mismo tiempo, de heroico en todo esto. No creo que muchos de nosotros nos sacrificáramos así por nuestras familias. En cierto sentido, tienen razón: vivimos bien; incluso los que viven mal, viven mejor que las clases medias de los países africanos y andinos.

¿Comer bien? Realmente, comemos mal. La dieta mediterránea es tan cara como nutritiva para quien quiere seguirla a rajatabla. Realmente, es mucho más caro el fase-food, pero también mucho más fácil y adictivo. Si el sobrepeso avanza a velocidad mayor que la inmigración es gracias a la comodidad que los europeos nos hemos forjado a la hora de comer: los consejos de Argiñano, el “Canal Conina”, o programas como “Todos contra el chef”, apenas logran que algunos desocupados y ociosos europeos, a menudo solteros, trabajen elaborados platos en sus cocinas de diseño. La mayoría prefieren llamar por teléfono a la pizzería, al distribuidor de hamburguesas o comida china más próxima y renunciar a elaborar platos de cocina tradicional.

El resultado no puede ser más catastrófico. Esta mañana he podido ver delante de mí a un tipo aquejado de obesidad mórbida castigando a una Vespino que desaparecía bajo su peso. La obesidad es una plaga en Europa. Así pues, ¿comemos bien? No, desde luego, pero sí, si tenemos en cuenta la cantidad y la proliferación de fase-food. De hecho, este tipo de establecimientos han recibido un refuerzo con los inmigrantes andinos que los han convertido en sus santuarios. El Kentucky de la calle de la Montera, en donde estuve hace quince días, parecía una sucursal de Quito o La Paz.

Así pues, también aquí, en cierto sentido, los inmigrantes tienen razón: comemos “bien”, esto es, comemos “mucho”, y engordamos aún más. Un pueblo de gordos es un pueblo con colesterol en las venas y el cerebro pastoso. Ni deportes de riesgo, ni población sana y atlética, sino Friki y constreñida a una vida sedentaria…

Esta consideración tiene un trasfondo: el inmigrante está convencido que ha llegado a la meca del consumo. Aquí en Europa hay oro y recursos infinitos. No ha venido –contrariamente a la versión políticamente correcta- a contribuir con su esfuerzo a pagar las pensiones de nuestros abuelos, sino a beneficiarse él mismo de una pensión por baja laboral, invalidez que arrastra de su país de origen, o simplemente para tratarse alguna enfermedad. Se percibe a Europa como la meca de la abundancia y el continente que puede pagar cualquier exigencia que se le formule.

“Sin nosotros no sabrían vivir”

A fuerza de la cantinela progre de que la inmigración es necesaria en Europa, los inmigrantes han terminado por creérsela. Para ellos, si los inmigrantes se fueran de Europa –que no se irán- el continente se hundiría –algo que no ocurriría- y, este razonamiento, falso y mendaz, les crece en la sensación de que son protagonistas de algo. Ellos están salvando a Europa. Luego vendrá el tío Paco con la rebaja y pedirán una compensación que, desde luego, no merecen.

La inmigración está salvando, solamente, la cuenta de beneficios de las patronales de la construcción y de hostelería. Su papel no es determinante en ningún otro sector económico, ni siquiera en el campo. Hablando de campo…

En estos momentos, estamos en la recogida de la ciruela, como hace meses y medio estábamos en temporada de la cereza y dentro de un mes vendrá la vendimia, casi completamente mecanizada. Es tiempo de vacaciones. Hubo un tiempo en que los jóvenes estudiantes de vacaciones, nos desplazábamos al campo y trabajábamos en alguna de estas campañas de recogida. Ganábamos lo suficiente para podernos comprar la Lambretta o viajar a Europa, o simplemente para no sangrar a nuestros padres con una permanente petición de fondos. Ahora todo eso se ha acabado: nuestros jóvenes, incluso los que quieren trabajar en verano, no encuentran trabajo porque está cubierto por inmigración. Tampoco es un drama para ellos: papá nos mantiene, tranquilos. Así, las nuevas generaciones, en lugar de endurecerse, se van ablandando progresivamente.

De ahí que también en este terreno, la opinión de los inmigrantes, por subjetiva que pueda parecer, no es del todo falsa: hoy podemos vivir sin inmigrantes, dentro de unos pocos años, no. Nos habremos acostumbrado a que nuestros hijos-mascota no hagan nada más que vivir en un “dolce fare niente”, apático y alejado de cualquier esfuerzo y sacrificio, incluido el de buscarse la vida en los meses de verano. Y, entonces, si que es cierto que la sociedad europea no sabrá vivir sin inmigrantes. El problema es que los inmigrantes no han venido aquí para sustituir a papá y mamá, sino para ganarse la vida. Llegará el día en que, al igual que Odoacro, Rey de los Hérulos, depuso a Rómulo Augústulo de una patada y asesinó a su papaíto que tanto quería y que lo colocó a la cabeza del Imperio Romano. Se dice que estamos al comienzo de una “nueva edad media”. En realidad no, estamos reviviendo la caída de Roma la Grande.

“Son racistas”

El inmigrante tiene un vago concepto de racismo. Racismo es toda prevención, hostilidad o reserva contra gentes de otras razas. Hasta no hace poco, España no era un país racista. Franco, incluso, tuvo una “guardia mora” y la especie de militares africanistas estaba muy extendida en el ejército. Si un país se vuelve racista, no es por una reflexión meditada, ni tras haber asumido las tesis del Conde de Gobineau, Chamberlain o el Ku-Kux-Klan, sino tras haber acumulado experiencias traumáticas. Un constructor muy próximo me decía: “contraté a una docena de ecuatorianos, todos iban a “oficiales primera”, en realidad nunca habían trabajado en una obra. Solamente podían trabajar llevando carros de escombros”. Un colombiano que contraté, también como oficial primera, se negó a cobrar el sueldo de un peón, cuando a las tres horas de trabajar, percibí que su cualificación máxima era la de peón aventajado. Así que abandonó la empresa. Dos semanas después él había cambiado la orientación de “su” negocio. Me llamó por si me interesaba comprarle cocaína colombiana “que no está tocada”. Le colgué. Seguramente, para él, eso era ser racista.

También he contratado marroquíes –nunca argelinos, cuya “fama” les precede-; eran buenos chicos e incluso, algunos muy simpáticos y amables. Sólo que con simpatía y amabilidad no se construye una casa. Su velocidad de trabajo era propia de una tortuga paralítica y en cuanto a su habilidad profesional, era de otro tiempo. Sus técnicas de trabajo anticuadas y superadas. Su rendimiento profesional, ruinoso. Para colmo, vino el Ramadán. Sus encomiables deberes religiosos hicieron bajar aún más el rendimiento. Y luego estaba la mentalidad de zoco: el regateo constante de las condiciones salariales y la imposibilidad de establecer pactos innegociables a corto plazo.

Nunca he entendido porque un marroquí, desde muy niño, si resulta detenido en España después de haber cometido un robo, termina considerando que todos –policías, jueces, víctimas, funcionarios de juzgados, el que pasaba por ahí, todos- son “racistas”.

El inmigrante ha sido el niño mimado de la sociedad progre. Y como todo niño mimado, ha sido malcriado y ha recibido peor educación. Un maestro de escuela me comentaba que un niño argelino le llamó racista en plena clase cuando le increpó para que dejara de jugar con los juegos del teléfono móvil. Además del insulto, me decía la maestra, estaba la “mirada de odio”. Si, el niño malcriado termina odiando a papá y mamá porque ya no pueden acceder a sus nuevos caprichos. He visto ese mismo odio en muchos inmigrantes y ese mismo odio es el que hizo estallar los sucesos de la “intifada” francesesa de noviembre de 2005 y el que, finalmente, terminará haciendo estallar una guerra racial, étnica y social, en Europa. A la acusación de “racistas” viene el odio. Estamos en ese punto.

“Sus mujeres nos desean, sus hombres buscan a las nuestras”

El problema es que el comportamiento de algunos inmigrantes ha terminado generando un racismo galopante en la sociedad española. Si por azar, tras campañas y campañas de reeducación, la sociedad española desterrara ese racismo incipiente, nada cambiaría. El “otro” es mucho más racista y con mucha más intensidad. Recuerden la “mirada de odio” del niño argelino de la historia anterior.

La sexualidad y los estereotipos sexuales cabalgan muy frecuentemente con los tópicos racistas: “los negros la tienen grande”, “las orientales tienen un chumi estrecho”, “las negras huelen”, “a los magrebíes les gusta dar pol culo” y así sucesivamente. De todo tiene que haber, claro está. Pero el problema es que estos tópicos tienen más arraigo en algunos grupos sociales y étnicos que en otros y están diferentemente arraigados.

Una amiga china me comentaba que entre ellas hablan sobre las dimensiones del pene de los europeos y les da miedo. No es para tanto. Luego, cuando experimentan, el miedo se va diluyendo. Por otra parte, es evidente que las andinas que trabajan en puticlubs se tienen por mujeres fatales deseadas por todos. Tampoco es eso. Determinados acentos arrugan, pero el hecho es que una inmigración buena parte de la cual está trabajando en puticlubs tiende a creerse que es irresistible para los hombres. Y, por otra parte, el primitivismo de algunos inmigrantes, especialmente magrebíes, resulta insultante para la mujer española, además de suponer una total ignorancia de técnicas sexuales, sino un desprecio absoluto por el placer de la mujer.

Pero lo cierto es que en la mentalidad del inmigrante, la sexualidad ocupa un papel muy destacado. Y no se termina de comprender. Realmente, ver a una mujer magrebí enfundada en esa especie de traje antiestético, antifemenino y antierótico hasta la saciedad, coronado con el velo, es uno de los espectáculos más antieróticos que pueden verse. Sin olvidar que si bien la mujer andina tiene cierto éxito (especialmente por sus precios y porque hay por ahí mucha gente que precisa que lo arrullen con envolventes frases de cariño)… especialmente en puticlubs, pero mucho menos en la sociedad.

En nuestros viajes “a lo largo y ancho del mundo”, hemos podido constatar que contra más primitivo es un país, el sexo ocupa un lugar más destacado. Existen países como Brasil en donde resulta difícil no entablar una conversación en la que el sexo no aparezca en un momento u otro, o constantemente. Es, literalmente, agobiante y cansa el primer día que se experimenta. En Gana, la conversación no gira, solamente en torno a la sexualidad hombre-mujer, sino que incluso abarca a los monos, o a las monas y recuerdo que en la reserva de
Silvertawn de Costa de Marfil, el guía miraba con una lubricidad indisimulada a las monas que podían verse a uno y otro lado del recorrido.

Los estereotipos sexuales son, en definitiva, una marca de racismo. Pero, el problema es que están mucho más arraigados entre la inmigración que entre nuestra gente. El magrebí se siente “deseado”; en realidad, para él, recibir la mirada de una mujer, implica ya deseo y ese presunto deseo abre las puertas a cualquier posibilidad. Incluida las relaciones sexuales no consentidas. Y dejando aparte lo atractivas de las mujeres llegadas del Este –verdadera reserva genética de Europa- lo cierto es que la mujer inmigrante magrebí y andina, no goza de particular predicamento entre el macho hispánico. Las razas son lo que son y no son otra cosa. Por cierto que una querida amiga italiana me decía en París que un argelino la llamó racista y atacó por ahí, cuando ella se negó a mantener relaciones sexuales con él.

* * *

Hay otros muchos juicios, pero estos son, desde luego, los más habituales y los que hemos oído, en España y en el extranjero, en más ocasiones. Es bueno saber lo que piensan de ti. Aunque saberlo no contribuya a deshacer los prejuicios que unos y otros grupos étnicos tienen trabados entre sí. Este es el quid de la cuestión: ayer no había racismo, porque no había inmigración; hoy hay racismo porque hay inmigración. El problema es que, nos da la sensación de que el racismo importado es muy superior al de origen que, en el fondo, ha surgido de un mero empirismo realizado en pocos años.

Razón tenía aquel que sostenía que las etnias están hechas para vivir en su ethos, en su territorio y en su marco natural. La inmigración querida e instigada por la globalización es cualquier cosa menos un fenómenos natural. En el fondo, rechazar la inmigración masiva y el efecto llamada, no es sino una de las caras del rechazo a la globalización
“EL ESPEJISMO HUMANITARIO”, ¿SIRVEN PARA ALGO LAS ONGS?
La lectura del libro de Jordi Raich, "El espejismo humanitario", subtitulado "La especie solidaria al descubierto", nos sitúa de forma "políticamente incorrecta" ante un tema de "moda", un tema sorprendente: las ONGs. No es habitual que un cooperante con 20 años de dedicación a la ayuda humanitaria se plentee en voz alta si ésta sirve para algo. La conclusión: señalar la casilla de ONG en las declaraciones de IRPF es tirar el dinero.

El libro y su autor

No es el primer libro de Jordi Raich. Este cooperante, habitualmente enrolado en Médicos Sin Fronteras, ha pasado los últimos veintitantos años recorriendo todos los escenarios de moda en materia humanitaria. Ha ido de decepción en decepción, hasta cuestionarse finalmente si la ayuda humanitaria tiene un mínimo de eficacia. Sus anteriores libros eran lo que se esperaba de un cooperante, es decir, destinado a promocionar su “producto”. Porque en esta sociedad del espectáculo y en pleno liberalismo extremo, la ayuda humanitaria es un “producto”.

Raich se ha movido por la antigua Yugoslavia en los peores momentos del cerco de Sarajevo. Ha pasado por los distintos escenarios de crisis del África occidental francesa. Vivió de cerca la “catástrofe humanitaria” de Ruanda y estuvo en Afganistán antes y después de la intervenció americana. En Uganda, Somalía y demás lugares olvidados de África, Raich estuvo allí organizando la ayuda humanitaria. Si hay algún español que conoce el tema es él, por eso su obra tiene mucho más valor que el que cualquier periodista crítico hubiera podido escribir.

Raich tiene “credibilidad”. Su pasado de cooperante y funcionario de distintas ONGs y su presencia en los principales teatros de operaciones humanitarias de los últimos 20 años, le atribuye una credibilidad superior a cualquier otro analista. Puede creerse a pie juntillas lo que nos cuenta.

Pero ¿Sirve para algo la ayuda humanitaria?

No es la primera vez que se plantea este tema. La London Economic School lo planteo hace años en un seminario. Raich cuenta que estaba presente en aquel evento y se estremeció cuando una muchacha ruandesa tomó la palabra en el turno de ruegos y preguntas:

“Divagamos en un laberinto sin salida. Si lo pienso con la cabeza les digo que su ayuda es inútil y que dejen de enviárnosla. Sus limosnas solo nos hacen más dependientes y no resuelven nuestros problemas. Si lo pienso con el corazón les pido que no nos abandones, que sin ustedes moriremos”.

Raich añade que a la frase siguió un silencio embarazoso. La muchacha había resumido el fondo de la cuestión. A decir verdad, Raich no piensa que la ayuda humanitaria sirva para gran cosa. Sirve para que las grandes empresas reduzcan su cuenta de beneficios y por tanto paguen menos impuesto; sirven también para que promocionen su marca y la unan a algo que está de moda en la sociedad: las campañas humanitarias. Sirve también para que unos cooperantes se sientan importantes y superiores a los receptores de la ayuda. Sirven para que los gobiernos ganen posiciones en los lugares en donde se concentra la ayuda. Salvan alguna vida, pero pocas en relación a la dimensión del problema. Y, lo que es peor, frecuentemente, crean más problemas de los que resuelven. Esto sin contar con que se han dado casos de tráfico de diamantes realizado por algunas ONGs, otras han visto como sus funcionarios utilizaban habitualmente a menores para cubrir su necesidades sexuales y, por supuesto, que mucha ayuda es completamente inútil.

Raich cuenta que una cofradía de pescadores del País Vasco le ofreció miles de latas de botino del norte para la población ruandesa famélica. Una buen propuesta y, sin duda, sincera, el problema era que las latas eran individuales y del tipo abrefácil; de aceptar esta ayuda, los campos de refugiados de habrían llenado de miles y miles de latas metálicas, menos peligrosas sin duda que las minas, pero, en cualquier caso desaconsejables para una población que no disponía de calzado. Y, por lo demás, el bonito del norte no figura entre los productos de la dieta ruandesa. En otras ocasiones, el propio Raich recibió a aviones Hércules C130 de la Fuerza Aérea Española cargados con toneladas de galletas Cuétara inapropiadas para una dieta tropical. También vió squís donados por el público norteamericano en el curso de campañas mediáticas, abandonados… en el Sahara. O biblias en Afganistán. Una propietaria de un manantial en el Pirineo ofrecía toda su producción para paliar la sed en África. El problema es que el agua envasada en botellas de plástico saciaría la sed –en caso de que fuera económicamente viable enviarla a África- sino fuera por que los millones de envases de plástico desechables generarían una catástrofe ecológica de similares proporciones. El donante suele ignorar que el hiposulfito cálcico utilizado para depurar el agua es la alternativa más realista y eficaz a las donaciones de agua mineral europea. Se ha llegado a enviar salami y morcón a Ávila a zonas musulmanas, helados Mico en aviones no frigoríficos a las zonas más calurosas del planeta y pescado a zonas que jamás lo han consumido y cuyo metabolismo no lo admite.

Y, en cuanto a las “apadrinamientos” de niños, suponen uno de los peores fraudes: el slogan hace creer que el donante “apadrina” a un niño concreto, cuando en realidad, su dinero, después de deducirse los gastos de la transferencia bancaria, los salarios de los funcionarios de la ONG y sus gastos en misión, lo poco que queda, se une a un fondo común con el que se construye alguna escuela o se financia alguna iniciativa en pro de la infancia. Alguno de los donantes, entusiasmado, pide mantener correspondencia con el niño apadrinado, y durante años recibe cartas… escritas por algún funcionario de la ONG. ¿Es posible un fraude mayor? Si, por supuesto… Las páginas de libro de Raich están recorridas por este tipo de fraudes realizados sin el menor recato y que, por lo demás, son del dominio público de los cooperantes veteranos.

Como una gota en el océano

Las zonas en crisis son muchas y la ayuda es siempre menor a la necesaria. Y además no dura siempre: dura solamente el tiempo en que la crisis humanitaria está en el candelero, luego disminuye y, finalmente, el cooperante desaparece y el programa se suspende. Dado que ese lugar no vuelve a aparecer en los noticiarios, nadie se entera de que la ayuda ha servido para poco. La persona salvada hoy gracias a un paquete de cereales, muere al cabo de poco tiempo cuando la ayuda cesa.

Además ni toda la ayuda llega a su destino, ni siquiera se distribuye adecuadamente. Raich cuenta decenas de trampas utilizadas por los receptores de la ayuda, para recibir más… parece lógico, en el fondo están hambrientos y necesitados. Pero se entiende mucho menos que en lugar de consumirla, simplemente, la vendan. En las inmediaciones de las zonas “target” de la ayuda humanitaria, pueden verse los productos con las etiquetas de las distintas ONGs en venta aun a pesar de la inscripción “producto no vendible”.

En toda África la existencia del Estado es una entelequia. Y otro tanto ocurre con las FFAA. La corrupción, el vacío de poder y las unidades militares que hace meses que no cobran su salario y solamente disponen del AK-47 para saquear y robar, son habituales de un extremo a otro de África. Soldados borrachos y drogados recorren las carreteras y se apostan en las fronteras siempre dispuestos a saquear al hombre blanco en primer lugar y luego a los ciudadanos desarmados. Inicialmente, los cooperantes jóvenes no entienden como es posible que si ellos van a ayudar a lo que genéricamente conocen como “africanos”, sean precisamente los mismos “africanos” los que les imposibilitan a diario el desarrollo de su trabajo.

Muchos de ellos esperan como el mejor día de su vida, aquel en el que concluirá su compromiso con la ONG. Otros desisten el primer día y regresan a su país de origen en el mismo avión que les llevó a África. Los hay que enloquecen, caen en el alcoholismo y se convierten en puteros empedernidos que no creen en nada ni en nadie y mucho menos en la misión que les ha llevado a allí. Raich cuenta que parafraseando al clásico “el cooperante es un loco para el cooperante”. Las casas en donde viven, disponen de un lujo que suele contrastar con la miseria circundante; pero en su interior, aprenden pronto la moraleja de la obra de teatro de Sarte: “el infierno son los otros”. Las peleas en el interior de las casas son habituales, las incomprensiones continuas, los tipos raros, intratables, aquejados de mil paranoias o neurosis abundan en estos hogares provisionales. Raich realiza una tipología de los cooperantes verdaderamente mordaz. Los ha conocido demasiado bien como para equivocarse.

En el mejor de los casos, el cooperante en lugar de ayudar, lo que busca es ayudarse a sí mismo, dar un sentido a su vida, participar en una misión humanitaria que, sin duda, será lo más importante que haya hecho en su existencia y que, a partir de ese momento, contará incluso a sus nietos. No, definitivamente, el cooperante no sale bien parado en el libro de Raich. Pero el beneficiario de la ayuda no sale mucho mejor.

No es Raich el único en pensar así. Personalmente he hablado con bomberos barceloneses que fueron a ayudar a ruandeses y volvieron traumatizados (en ocasiones, un europeo al salir de su oasis de relativa prosperidad, queda estupefacto de lo que ve) al ver que los padres robaban la comida a los hijos, una vez estos la recibían, sin importarles lo más mínimo que fueran a morir de hambre. Raich cuenta que en los campos de África es frecuente que las familias dejen de alimentar voluntariamente a uno o varios hijos para así entrar en programas para familias desnutridas. Simplemente los muestran para obtener las ayudas.

La ayuda humanitaria paraliza la iniciativa de quien la recibe. Éste tiende a pensar que durará siempre o al menos se aprovechará de ella mientras dure. El mañana no es algo que preocupe excesivamente en una África que vive al día. Frecuentemente, las zonas subsaharianas que han aportado más inmigrantes a Europa son las más empobrecidas. En efecto, cuando los inmigrantes envían algunos dólares a su familia, lo que están haciendo es desmotivarlos para trabajar y cultivar la tierra: si tienen lo que necesitan, ¿para que esforzarse?

Los cooperantes están permanentemente enfrentados a un dilema: si “enseñan a pescar” a los receptores de la ayuda, corren el riesgo de que mueran de hambre; pero si les dan de comer para paliar su situación, tienden a desentieresarse de cualquier otra cosa que les puedan dar.

Además en África la noción de “comunidad” no existe. Los cooperantes están permanentemente rodeados de una corte de los milagros que permanentemente “se curran la página de la pena” contando todas las desgracias inimaginables para concluir la conversación pidiéndoles dinero. La mayoría de estas historias son fraudulentas y lo único que se persigue es el resultado final: el sablazo humanitario. Raich cuenta un caso paradigmático: un negro se le acerca y le cuanta desgracias absolutamente ficticias, luego le pide el consabido sablazo. Él no se lo da, por supuesto (tiene experiencia) y el africano se enfada: “¿Pero no estáis aquí para ayudar? ¡No hacéis nada!”. Raich le explica que él ha venido a ayudar a una comunidad y le cuenta lo que hace por ella (vacunas contra la disentería, provisión de alimento, montar un generador diesel, etc.). Pero el africano no se da por satisfecho: a él qué le importa todo eso, lo que desea es que le dé lo que él quiere. Y se va refunfuñando: “decís que venís para ayudar y no hacéis nada por mí”. En África parece que el individualismo haya suplantado absolutamente a cualquier rastro de sentimiento comunitario.

El espectáculo humanitario ha comenzado

En España hay en torno a 10.000 ONGs, la mayoría de las cuales no sirve absolutamente para nada y sus programas o bien son un fraude o bien se limitan a enviar una parte de los fondos recaudados a ONGs de la zona aquejada de algún problema. Sólo unas pocas realizan una verdadera ayuda. Son las menos y ni siquiera en estos casos puede afirmarse taxativamente que la ayuda sirva para algo. Todas estas ONGs actúan en función de los noticiarios. Estos son los encargados de generar la información y describir las “catástrofes humanitarias”. A partir de ahí, las ONGs empiezan sus campañas de recogida de fondos. Estos son entregados por un pùblico extremadamente sensibilizado por las tragedias. Esas tragedias las ven en TV. Así pues, los mass-media están íntimamente relacionados con las campañas de las ONGs.

Al público le encantan las tragedias “fuertes”, “heavys”. Si la tragedia humanitaria no es extrema, el público no se moviliza. Y la ONG, consiguientemente, no recibe dinero… Los “parques temáticos” son extremadamente importantes para este fin: hace falta mostrar campos de refugiados, campos de antiguos niños soldados, campos de depauperados hambrientos, campos de afectados por malaria o SIDA, e incluso campos de minusválidos. Ls ONGs forman estos campos y cada ONG tiene el problema de encontrar población que los llene. Si dispone de ellos, la CNN o cualquier otra cadena filma esos campos, con los adhesivos de las ONG, ésta puede contar con recibir fondos. De lo contrario, estará a dos velas. No puede extrañar que alguno de estos campos sean completamente ficticios y existan solo en horas de oficina, luego los “refugiados” se van a sus casas, después de haber recibido el paquete de alimentos o cualquier otro premio. De entre todos, el campo temático más surrealista está en las inmediaciones de Freetown, los guerrilleros de la URM tenían la costumbre de cortar a la población civil algún miembro, un brazo, una pierna o más. Así pues, Gana es un país repleto de mutilados. A nadie se le había ocurrido reunirlos en un campo de refugiados solo para mutilados, pero alguna ONG se atrevió a ello con la perspectiva de que el impacto de las imágenes movilizase a los contribuyentes. Así ocurrió, en efecto.

Pero los medios de comunicación, frecuentemente, mienten, unas veces por desconocimiento y negligencia y otra por mala fe. El problema del “burka” en Afganistán es inexistente. Solamente lo utilizan las mujeres en las ciudades… y el 95% de la población afgana vive en el campo. Además, las propias mujeres afganas consideran que el burka es un signo de distinción y aspiran a tenerlo como en Europa las chicas aspiran al traje de novia. Sin embargo, una serie de medios de comunicación, ONGs y “líderes de opinión humanitarios” (Enma Bonino entre otros) empezaron a denunciar al régimen talibán y su ofensa a las mujeres afganas a las que obligaban a utilizar el burka so pena de graves castigos. Era falso. En Afganistán nadie obliga a utilizar el burka, ni antes de los talibanes, ni con los talibanes, ni con Hamid Karzai en el palacio presidencial de Kabul. Esas falsedades hicieron aceptable la versión de que Afganistán y el régimen talibán eran las criaturas predilectas del mullah Omar y de su régimen. Y esas falsedades hicieron más aceptable los bombardeos norteamericanos sobre Kabul… bombardeos en los que se alternaban misiles con ayuda humanitaria. ¿Estupidez? ¿cinismo?

¿Marcar la casilla de las ONG en la declaración de IRPF?

No, desde luego. Marcar la casilla de las ONGs en la declaración de renta es alimentar un fenómeno bienintenciado en algunos sectores, perverso en otros e inútil siempre. Al menos, marcar la casilla de la Iglesia es alimentar a algo que siempre ha estado en nuestro país. Por otra parte, hay que recordar que Cáritas Diocesana es una de las ONGs con más experiencia, prestigio, eficacia y tradición.

Las ONGs surgieron en los años 70, eclosionaron en los años 80 y se hicieron omnipresentes en los 90. Están formadas por gentes solidarias que quieren hacer algo por sus semejantes, especialmente por aquellos que se sitúan en los lugares más alejados y exóticos. Dado que en España también hay pobres y menesterosos, parecería lógico que concentraran su ayuda entre nuestros compatriotas más desfavorecidos, pero para eso ya está Cáritas Diocesana. Así pues, estas gentes humanitarias prefieren ir allí a donde los medios de comunicación han decidido que deben ir. Y van pensando que lo que esos mismos medios han proclamado, es siempre cierto. Lo cual no es en absoluto real. Además, casi por un reflejo involuntariamente racista, piensan que los receptores de la ayuda son una especie de seres inferiores y desvalidos.

Cuando concluyó la Guerra Fría se inició el período dorado de las ONGs. Podían llegar allí a donde los gobiernos no veían conveniente llegar. Además podían servir como informadores y espías. El Corps Peace está reputada de ser una antena “humanitaria” de la CIA y otras muchas sirven a sus respectivos gobiernos.

Es evidente que las dotaciones presupuestarias y las donaciones privadas que van a parar a las ONG, no resuelven ninguna de las graves crisis humanitarias desatadas periódicamente. Esta situación no se prolongará indefinidamente. Si bien los gobierno “progresistas” y de izquierdas, sienten una particular debilidad por las ONGs, especialmente por las dirigidas por sus amigos, es aventurado pensar que tanto despilfarro presupuestario proseguirá hasta el infinito. A casi 30 años de sus comienzos, las ONGs no han mostrado ser el canal más adecuado para dirigir fondos a las zonas en crisis. Así pues, en los próximos años va a ser cuestión de ir definiendo otros modelos de cooperación y desarrollo. El libro de Raich, interesante, bien escrito, ameno y, desde luego, muy claro, contribuirá sin duda a que este nuevo modelo sea definido.

Información sobre el autor y su obra: en http://www.jordi-raich.com/






LO QUE LA INMIGRACIÓN SUPONE PARA ESPAÑA

El gobierno de Aznar ayer y el de ZP hoy han tratado con similar frivolidad el tema de la inmigración. Y no tienen excusa: porque cuando en España la inmigración estaba en pañales, en Europa ya estaba claro su papel desestabilizador. Aquella desidia se ha transformado en el primer problema de nuestro pueblo. Pero el fracaso de los intentos de integración de la inmigración en Europa parece no haber sido tenido en cuenta: ni tan siquiera existe una política de inmigración en nuestro país.

La izquierda nos ha mentido ante el problema de la inmigración:

- Empezó pidiendo el “papeles para todos” y aún hoy se resiste a aplicar políticas enérgicas de contención, a pesar de la evidencia de que estamos afrontando una verdadera invasión.

- Utilizó eslogans demagógicos (“ningún ser humano es ilegal”) para ligar los derechos humanos a la posibilidad de que los inmigrantes se instalen en nuestra tierra.

- La izquierda ha promovido valores que han aportado el contenido pretendidamente intelectual al tema de la inmigración: “multiculturalidad”, “mestizaje”, “fusión cultural”, “diálogo de civilizaciones”, en los que nadie cree y mucho menos el inmigrante.

- En realidad, detrás de todo esto, la izquierda lo único que buscaba era un electorado de reemplazo tras su hundimiento doctrinal de los años 90: la deserción del proletariado europeo impulsó a la izquierda ver un nuevo proletariado entre la inmigración.

La derecha nos ha mentido ante el problema de la inmigración:

- Nos dijo que gracias a los inmigrantes se pagarían las pensiones de nuestros abuelos, pero ya desde el principio era evidente que la inmigración costaba más al erario público de lo que éste recibía de las bolsas de inmigración. La inmigración, no solamente no pagará las pensiones de nuestros abuelos, sino que su presencia masiva hace que dichas pensiones peligren hoy más que nunca.

- La derecha en el poder minimizó el impacto de la inmigración en la seguridad ciudadana, e incluso hoy prefiere no considerar que el 80% de los delitos es cometido por una minoría de inmigrantes.

- Además, la derecha minimizó durante ocho años el número de inmigrantes, falseó las cifras y dio siempre un número un 30% inferior a las estimaciones reales.

- En realidad, callaba para favorecer a las patronales de la construcción, hostelería y agricultura (íntimamente vinculadas históricamente a la clase política de la derecha), en la contratación de mano de obra barata que permitiera un aumento de beneficios.

Los partidos nacionalistas nos han mentido ante el problema de la inmigración:

- Ante la falta de una política propia, estos partidos han asumido alternativamente los argumentos de la derecha y de la izquierda, careciendo de una posición original y demostrando, en la práctica, que el tema, simplemente, no les interesaba.

- En realidad, su único interés era que los nuevos inmigrantes asistieran a los cursos de catalán o euskera como indicativo de su integración.

La derecha, la izquierda y el nacionalismo son solidariamente responsables de la situación POR ELLOS CREADA. Esta situación se resume así:

- Presencia sobre nuestro territorio de 5.200.000 inmigrantes, aunque el gobierno sólo reconozca, según los días, entre 4 y 4,5 millones.

- Entre el 2010 y el 2012 llegarán a 10.000.000, es decir, pasarán del 12% al 25% de la población española.

- Más del 50% de esta inmigración está compuesta por individuos no productivos: en paro, jóvenes que no están en edad de trabajar, trabajadores empleados en negro…

- Las tasas de productividad del colectivo inmigrante son bajas, especialmente las de los dos colectivos mayores (andinos y magrebíes); en cualquier caso inferiores a las de la población española.

- Salvo algunas bolsas de inmigración de Europa del este, el resto no demuestra el más mínimo interés por integrarse en la sociedad española, ni por regresar a sus países de origen.

- Los gastos generados en seguridad ciudadana y subsidios sociales, educación y sanidad, han crecido extraordinariamente en los últimos 10 años: el colectivo inmigrante consume entre el 70 y el 80% de estos recursos.

- El impacto de la inmigración es insoportable para la sociedad española y se ha manifestado en el aumento del precio de la vivienda, las tasas de paro, la inseguridad ciudadana, la crisis de la educación, el déficit sanitario de las autonomías, etc. y resulta extremadamente duro y decisivo.

Hasta ahora no puede decirse que la inmigración haya resultado un buen negocio para el país receptor. Hemos podido ver cómo:

- La delincuencia extranjera crecía hasta convertirse en incontrolable la acción de las mafias.

- Amplias franjas del empleo han quedado vedadas para la población española.

- No existen cifras, pero se intuye fácilmente que entre el 75 y el 80% de los presupuestos de asistencia social tienen como destinatarios a inmigrantes.

- Se generaba un “efecto llamada” mantenido y creciente a partir de la Ley de Inmigración de 1999 y ampliada tras la regularización masiva de 2005.

- El precio de la vivienda de propiedad y de alquiler se disparaba con la llegada de 5.000.000 de nuevos “consumidores”.

- La sanidad quedaba completamente desbordada.

- La educación no estaba preparada para recibir cientos de miles de niños, en muchos casos con poco dominio sobre el castellano y escasamente motivados para el estudio.

- No existe sector de la vida pública en la que la inmigración no haya hecho sentir su presencia masiva y perturbadora.

España es, en estos momentos, el país europeo que:

1) Tiene menor experiencia en inmigración (solamente empezó de forma masiva en 1999).

2) Tiene el mayor porcentaje de inmigrantes de toda la Unión Europea.

En ningún momento de la historia europea se ha producido en tan poco tiempo una migración de tanta envergadura, susceptible de alterar en el plazo de una sola generación todo el sustrato étnico y antropológico de nuestro país. Pensar que esta alteración se realizará sin causar dramáticos traumatismos es ingenuo y absurdo.

El conflicto de civilizaciones.

La inmigración supone inevitablemente la interpenetración de unas civilizaciones en otras.

Esta interpenetración no sería preocupante si, en algún momento, las civilizaciones hubieran demostrado ser capaces de convivir sin tensiones. Pero eso jamás ha ocurrido.

Por otra parte existen civilizaciones que se encuentran más próximas entre sí, y otras entre las que existe un verdadero abismo antropológico. En algunas, el elemento religioso y el pensamiento mágico siguen teniendo un peso decisivo e imposibilitan cualquier “diálogo” con civilizaciones instaladas en el siglo XXI.

A todo esto hay que añadir los factores económicos, energéticos, políticos y geopolíticos que suponen elementos añadidos de confrontación, en un marco excepcionalmente revuelto y confuso.

En ese marco es fundamental conocer las posiciones de cada actor para evitar caer en juicios erróneos.

Los elementos esenciales a tener en cuenta son:

- El ascenso del fundamentalismo islámico, extendido a todos los países árabes, constituye el mayor elemento de distorsión. Sistema religioso petrificado desde el siglo IX, doctrina mesiánica de guerra santa y expansión universal, ha configurado un sistema alejado de la modernidad, e incluso reñido con ella. Un tercio de los inmigrantes que han llegado a nuestro país siguen esa religión que considera a la “umma” (comunidad islámica) por encima de cualquier normativa legislativa no islámica.

- Las contradicciones geopolíticas en el interior de Eurasia. Los tres actores eurasiáticos (China, Rusia y la UE) tienen dos enemigos geopolíticos comunes:

o La “dorsal islámica” desde Marruecos a Filipinas, cuya tendencia es expandir sus conquistas hacia el Norte de Eurasia y reforzar una alianza con los EEUU.

o El “espacio turcófono”, que penetra en Europa a través de la inmigración y de la propuesta de adhesión a la UE y genera tensiones: entre Rusia y sus ex-repúblicas del Sur y en el Este de China.

- Las contradicciones geopolíticas entre Eurasia y América. Tales contradicciones se basan en la eterna lucha geopolítica entre “potencias oceánicas” (América) y “potencias continentales” (los actores eurasiáticos). Cuando hablamos de “América”, no nos referimos solamente a EEUU, sino a la totalidad del continente americano, tanto de la América de la “doctrina Monroe” (“América para los americanos del Norte”), como del futuro continente en el que los hispanos tendrán un peso decisivo.

Esta situación internacional genera un panorama extremadamente conflictivo en lo que a flujos de inmigración se refiere:

- De un lado, en un marco de ascenso del islamismo radical, resulta absolutamente suicida incorporar masivamente inmigrantes procedentes del mundo islámico, so pena de que puedan convertirse en el futuro en quintacolumnistas de un bloque geopolítico exterior a y enemigo de Europa.

- De otro lado, el ascenso hispano en EEUU no es decisivo. EEUU seguirá dominado por la oligarquía WASP y el elemento hispano se convertirá en la carne de cañón de su expansionismo. Por otra parte, no existen datos que permitan afirmar que existe un movimiento consistente capaz de emancipar América del Sur de la influencia del gran coloso del Norte.

- En este sentido, resulta imposible admitir a más poblaciones andinas en España, especialmente cuando las nuevas políticas de los países andinos se basan en la culpabilización de España y en la propia victimización. Cada vez son más andinos los que reclaman “venganza” por los “quinientos años de colonización” y en su aspecto más extremista –las bandas latinas- están dispuestos a ser instrumentos de esa venganza.

Por todo ello, la consecuencia lógica es:

- Contener la inmigración procedente de los países islámicos y andinos.

- Contener la inmigración procedente de otros horizontes culturales y antropológicos, especialmente asiáticos y subsaharianos.

- Priorizar únicamente a la inmigración que sea verdaderamente necesaria procedente del Este Europeo, esto es, de grupos etno-culturales similares a los de Europa occidental.

La tendencia natural de los pueblos consiste en mantener su régimen de identidades basadas en la cultura, la antropología, la etnología y la Historia. Y es normal y lógico que así sea: “lo semejante se une a lo semejante”, tal es la ley universal. Solamente de esta ley universal pueden surgir intercambios culturales armoniosos y enriquecedores. Pero cuando se inoculan elementos de una civilización contradictoria en el seno de otra, se está abriendo el camino al conflicto.

Las civilizaciones no son iguales: cada una tiene sus rasgos distintivos y su particular régimen de identidades. En ocasiones –tal como ocurre con el mundo islámico y el andino- este régimen de identidades es contradictorio e incompatible con la naturaleza profunda de Europa. Obstinarse en intentar armonizar dos “materiales” étnicos, culturales y antropológicos completamente diferentes, es negar la realidad y abrir el camino a la crisis.

La inevitable evolución del fenómeno: la guerra civil racial, religiosa y social.

Esta crisis tiene un nombre: guerra civil racial, religiosa y social. Esa guerra ya ha comenzado en Europa, aunque la clase política europea se obstine en negarlo. Sus primeros fogonazos ya se han producido en Francia en noviembre de 2005. Se trató de una revuelta espontánea protagonizada por los jóvenes inintegrables de los suburbios, inmigrantes o hijos y nietos de inmigrantes. Desde entonces, lejos de pacificarse, la situación en Francia se ha seguido degradando más aún. La próxima revuelta tendrá contenido político-religioso. Cuando desde las mezquitas se perciba la posibilidad de vencer, la insurrección volverá a las calles de Francia y de toda Europa.

No somos optimistas: creemos que tenemos ante la vista una inevitable guerra civil racial, religiosa y social:

- Será racial porque estará protagonizada por los contingentes magrebíes transplantados a Europa en los últimos 25 años.

- Será religiosa porque tendrá como punta de lanza contra Europa a las mezquitas creadas sobre nuestro territorio.

- Será social porque sus efectivos habrán salido de una inmigración que solamente ha podido alcanzar un nivel subalterno, rayano con la pobreza, en Europa.

Bastará una pequeña crisis económica para que afloren todos los odios y rencores atizados desde las mezquitas, y se vea en todo lo que es europeo –esto es, en todo lo que es competitivo- el enemigo a abatir por las legiones de menesterosos que llegaron a Europa pensando que aquí ataban los perros con longaniza. Este error de cálculo les llevó a odiar a la Europa que los había arrojado al subempleo, a vivir de los subsidios sociales y a alternar largos períodos de paro con contratos en precario… y siempre sin poder acceder a los grandes escaparates del consumo.

Hoy, la gravedad de ese momento todavía no se percibe en Europa. Se cree que el erario público y el “dinamismo de la economía europea” -¿de qué dinamismo nos hablan?- serán capaces de dar trabajo a millones de inmigrantes y que, aun cuando estén en el paro, se les podrá alimentar con cargo a los subsidios. Pero este planteamiento es irreal y absurdo, además de ruinoso para Europa: los subsidios, el trabajo negro, el subempleo, los contratos basura, la discriminación positiva, no van a lograr acallar el grito de “igualdad” que se transmite de boca en boca en los guetos de la inmigración. Para ellos “igualdad” quiere decir tener acceso a las “riquezas”.

Los europeos sabemos que la competitividad, el espíritu de iniciativa, el esfuerzo continuado, el trabajo sin descanso, la renovación tecnológica y el don de la oportunidad son las llaves del éxito económico. Éste no viene por sí solo: hace falta buscarlo. Sin embargo, la inmigración atribuye su infortunio económico al “racismo”, la “xenofobia”, la “marginación” o cualquier otro motivo ajeno a ellos… De ahí el odio incontenible e "in crescendo" de las bolsas de inmigración en Europa. Ignorar ese odio, esconder la cabeza, no implica que deje de existir, ni siquiera que se desactive.

El momento crítico será cuando Europa ya no pueda absorber más inmigración (hace dos décadas que la inmigración que llega a Europa es inintegrable e inexpulsable y cinco años que eso mismo ocurre en España), pero falte el valor político para decretar la repatriación de todos estos contingentes de menesterosos y parados. Cuando Europa ya no esté en condiciones de subsidiar a las bolsas de inmigración y esté próxima a producirse la quiebra de los sistemas de seguridad y previsión social. Cuando se una a esta situación una leve crisis económica, junto a las deslocalizaciones, a la recesión económica, a la mecanización de los trabajos agrícolas, etc., inmensas bolsas de inmigración no tendrán, literalmente, ni trabajo, ni posibilidades de tenerlo, ni de sobrevivir de manera subsidiada.

En ese momento (hacia el 2010-2015) la posibilidad de una guerra civil racial, religiosa y social, estará ante nosotros. Y, al menos nosotros, tendremos claro quién es el amigo y quién el enemigo, cuáles son los territorios y los valores a defender y contra quién hacerlo. Y, además, estaremos dispuestos a defender “lo nuestro”: nuestro territorio, nuestra forma de vida, nuestras tradiciones, nuestras creencias, nuestro sistema político y a nuestra gente. Que a nadie le quepa la menor duda: esta es nuestra tierra y vamos a defenderla.

De los tiempos fríos a los tiempos calientes. Consecuencias.

Vivimos tiempos de frivolidad multiculturalista, de glosas, loas y alabanzas al mestizaje y de discriminaciones positivas respecto a cualquier cosa que no sea nuestro pueblo. Tiempos de inocuo “diálogo de las civilizaciones” y de ilusiones ilusas en que los “otros” piensan como “nosotros” y aspiran a llegar a los mismos objetivos.

Cada día, miles de inmigrantes llegan a nuestras costas. Se dice que vienen a trabajar. Los que tienen intención de venir a trabajar, ya saben que en Europa cada vez hay menos trabajo. Estos cada vez son menos. Sin embargo, están en aumento los que llegan con otras intenciones:

- Los que saben que en Europa delinquir sale barato y son ya mayoría en nuestras cárceles.

- Los que llegan atraídos por el gran efecto llamada: los subsidios y los restos del Estado del bienestar.

- Los que llegan incapacitados para trabajar y contemplando sólo la bondad de los sistemas sanitarios europeos.

- Los atraídos por la posibilidad de alcanzar la fama y el éxito económico: los émulos de Zidane, Eto’ o, o Carlinhos Brown…

- Las mujeres que vienen a parir a Europa huyendo de sistemas sanitarios negligentes…

Esta masa creciente de inmigrantes sin motivación laboral, buscando solamente beneficios, encuentra en Europa a progres capaces de darles todo lo que piden, sin caer en la cuenta de que dentro de poco esas ventajas nos faltarán -¡nos están faltando ya!- a nosotros, es decir, a los que las hemos diseñado, construido y pagado…

Estos son “tiempos fríos”: el sentido común, la lógica, la racionalidad, parecen haberse ocultado tras toda la proliferación de argumentos humanistas, bienintencionados, propios de catequesis y de ONG. Los progres europeos piensan más en el último inmigrante recién llegado que en sus propios hijos. En estos “tiempos fríos” parece que no vaya a pasar nunca nada. Y si pasa algo, se minimiza, se oculta, se sepulta bajo un alud de subvenciones y concesiones, de tal forma que se niega que lo sucedido haya sucedido; se encuentran argumentos para interpretar el fenómeno y desviarlo de su simple elementalidad. Se discute de todo, menos de lo esencial. En los “tiempos fríos” no es que no pase nada, es que bajo los adoquines va fraguando un inmenso potencial explosivo.

Este potencial acumulado tarde o temprano estallará. Los “tiempos fríos” se convertirán en “calientes”. Iniciado el conflicto, ya no se tratará de discutir, sino de defender lo propio. Se recuperará la lógica y el sentido común, los argumentos del período anterior caerán, nadie se sentirá capaz de defenderlos, se estructurarán nuevas escalas de valores y cobrará forma una racionalidad en ruptura con la anterior.

Pero también serán tiempos de brutalidad y esencialidad: una vez estallado, el conflicto ya no tiene marcha atrás. Se combate por la supervivencia. Nosotros, dentro de poco, afrontaremos ese combate, mal que nos pese.

Hoy contención, mañana autodefensa.

Vale la pena plantearse si es posible detener lo que hoy vemos como inevitable. Sí, pero con dos condiciones:

- Aplicar una política de contención de la inmigración. Despojarse de los prejuicios humanitarios y desmantelar el efecto llamada de la forma más brutal posible. Eso, o una violentación constante de nuestras fronteras y de nuestra integridad territorial.

- La emergencia de una nueva clase política sin complejos y sin miedo a lo políticamente incorrecto, capaz de asumir una brutal determinación basada en el siguiente principio: el destino de Europa, su pasado y su Historia, el bienestar y la tranquilidad de nuestra gente es mucho más importante que los derechos de los inmigrantes que aspiran a violentar sus fronteras.

Lo que tenemos ante la vista hoy es la necesidad de una política de contención. Si esta política no puede aplicarse, la segunda trinchera en la que nos veremos obligados a refugiarnos es la autodefensa. Y ésta solamente puede desembocar en una guerra civil étnica, religiosa y social, a corto plazo.

¿Por qué nos obstinamos en percibir el conflicto armado en el futuro de Europa?

Hay muchas razones objetivas para ello. La primera de todas es que los pueblos que están llegando a Europa son pueblos jóvenes, con mucha más energía que Europa: continente postrado y cansado por sesenta años de tópicos progresistas. Saben lo que quieren y cómo conseguirlo. Tienen claras sus raíces, a diferencia de Europa que las ha perdido. Conocen sus puntos de referencia (el Islam, la umma, el Corán). Están dispuestos al sacrificio (la guerra santa). Y, para colmo, nos desprecian: confunden a nuestra clase política y a las bolsas de progresistas con la totalidad de Europa. Ese es su error. Consideran que Europa es débil, degenerada y corrupta. Les parece increíble que se les deje avanzar, delinquir, que se les subsidie, que el sistema penitenciario sea tan absolutamente blanco y edulcorado; se burlan de los derechos de las mujeres y creen que todo europeo es homosexual. Solamente el odio hacia todo lo que Europa representa es más fuerte que su desprecio hacia Europa.

¿De verdad alguien cree que a medio plazo es posible una coexistencia pacífica con unos colectivos que nos consideran débiles, timoratos y cobardes? Hoy, cualquier ayatolah del tres al cuarto puede predicar el odio hacia Europa utilizando los textos canónicos del Islam; y sus fieles percibir que, efectivamente, hay entre nosotros demasiados débiles, timoratos y cobardes.

Gentes que son tratadas con crueldad y rudeza en su tierra, al llegar aquí se ven arropados y subsidiados, discriminados positivamente y protegidos por un sistema extremadamente garantista. Pero, en lugar de integrarse y asimilarse, terminan convenciéndose de que es posible conquistar Europa y convertir a los “señores” en “esclavos”, expropiarles de sus riquezas y terminar sustituyéndolos en la cúspide del poder. A fin de cuentas, Europa ha demostrado demasiadas veces su debilidad. De hecho, esta es la historia de la descolonización en el Tercer Mundo.

Hace solo tres años, en la antigua Rhodesia, se seguía achacando todos los males a los “blancos”, y gentuza como Robert Mugawe sostenían que era imprescindible “expropiar a los blancos”. Esto ocurría en Rhodesia… aquellas granjas están hoy abandonadas. Expropiar a los blancos no implicaba que los negros dejaran de trabajar. Pero esta segunda parte, nadie se lo había dicho. Esta es la mentalidad que está ganando terreno entre la inmigración, especialmente magrebí.

Resulta una irresponsabilidad no oponerse a este estado de cosas.

Es muy sencillo: tienen que regresar a su tierra.

Podemos seguir hablando, dándole vueltas y contorneando el tema miles y miles de folios. Pero todo el problema de la inmigración es extremamente simple como para que alguien puede tener como excusa el decir que no lo entiende:

- Hay más inmigrantes de los que se necesitan y de los que queremos.

- Hay más inmigrantes de los que el mercado laboral europeo puede absorber.

- Es inadmisible que los inmigrantes disputen puestos de trabajo a nuestra gente y vendan su fuerza de trabajo a precio de dumping.

- Hacia el 2040-50 seremos extranjeros en Europa, de seguir como en los últimos 10 años las tasas de crecimiento de la inmigración en Europa.

- Los recién llegados se han mostrado inintegrables, pertenecen a otros horizontes etno-culturales y religiosos que apenas tienen nada que ver con nosotros.

- El balance de la inmigración es netamente desfavorable. Los problemas que genera la inmigración son muy superiores a lo que aporta.

Por todo ello, resulta extremadamente sencillo dar una solución:

- Se tienen que ir, tienen que volver a los países de los que llegaron –sus países- y levantarlos como nosotros hemos hecho con el nuestro.

- Capítulo aparte es si esta repatriación conviene que sea subsidiada o forzosa, no cambia el fondo de la cuestión: se tienen que ir.

- Si Europa necesita población, basta con estimular la natalidad entre la población autóctona o recurrir inmigración cualificada y lo más similar y próximo a nosotros.

- No hay otra solución: repatriación.

La inmigración no es un tema político más entre otros muchos: la inmigración es el factor de desestabilización más profundo que afecta hoy a las sociedades europeas. La política inmigratoria de los últimos ocho años llevada por los gobiernos de Aznar y ZP, es absurda, laxa y suicida. La solución de buena parte de los problemas que sufre hoy España y, por extensión Europa, se resolverían solamente resolviendo antes el problema de la inmigración: inseguridad ciudadana, paro, coste de la vivienda, educación, etc.

De ahí que no podamos votar a ninguna opción que no deje bien clara su posición en esta materia. O dicho de otra manera, no podemos votar a ninguna opción que no deje bien claro:

- Que hoy la única política posible se basa en la contención de la inmigración y en:

- La repatriación de los inmigrantes que no sean una fuerza laboral en activo.

Y si una fuerza política de este tipo no existe habrá que constituirla.

Anónimo dijo...

Acertadísimo comentario, pero tan laaaaaaaaaargo...

Anónimo dijo...

¿Como pueden decirse tantas contradiciones en un solo texto? Eso sí qeu es demagogia y populismo. No es que se racismo puro y duro, es que directamente es un cúmulo de contradiciones que sólo se tragan los ignorantes, precisamente como se ha demostrado en otros paises donde la ultraderecha ha encontrado un hueco.
Estoy viendo que me voy a tener que mudar a otro blog donde no se haga apología del racismo y la xenofobia, y eso va el director del Diario de Almería, que no se como deja que se publiquen estas cosas.

Anónimo dijo...

Algunos no son muy amigos de la libertad de expresión, y siguen abogando por la censura de las opiniones adversas a la suya.

Esta es la España (¿o hay que decir Estado Español?) de zETApé, con autocolocación de etiqueta de tolerante, pero con una realidad de incapacidad de debatir y tolerar todo lo que se salga de la corriente oficial de opinión propugnada por el grupo PRISA.

Anónimo dijo...

LA MISMA INMIGRACIÓN QUE “FAVORECE” EL CRECIMIENTO ECONÓMICO AFECTA NEGATIVAMENTE A LOS NIVELES SALARIALES
El crecimiento económico, que ha supuesto un aumento en los beneficios empresariales, sin embargo no se ha traducido en una mejora de las condiciones laborales de los trabajadores españoles.

Según un estudio publicada por La Caixa la economía española debe la inmigración el crecimiento de estos últimos años. La llegada de inmigrantes aportó 3,2 puntos porcentuales al crecimiento por habitante de la economía española en la última década, según concluye un estudio elaborado por Caixa Catalunya. Sin el aumento de población que acarreó la entrada de inmigrantes, el Producto Interior Bruto (PIB) por persona habría descendido el 0,6%, frente al avance medio del 2,6% anual registrado en los últimos diez años.

Este crecimiento económico, que ha supuesto un aumento en los beneficios empresariales, sin embargo no se ha traducido en una mejora de las condiciones laborales de los trabajadores españoles. En el año 2005 la remuneración real de los asalariados se redujo en casi un 1% y en lo que va de año un 1,4% (en términos interanuales). Es decir, a pesar de que la economía crece, los asalariados están cada vez peor pagados. Un decrecimiento en los incrementos salariales que ha coincidido con las regularizaciones masivas de inmigrantes realizadas por el departamento de Caldera.

Este efecto negativo de la inmigración sobre los salarios de los trabajadores nacionales no supone ninguna novedad. La mayoría de las investigaciones sobre inmigración realizadas hasta principios de los años noventa indicaban ya un efecto negativo sobre los salarios, que se hacía notar más en Europa que en EEUU.

Los estudios realizados a partir del West German Socio-Economic Panel, ratifican el efecto negativo que se produce sobre los salarios. Al examinar el fenómeno migratorio en los años ochenta y noventa en Europa y especialmente en Alemania se comprueba que la inmigración reduce el salario de los trabajadores poco cualificados y manuales pero aumenta el de los cualificados.

Los resultados, concluyen que la influencia de la mano de obra inmigrante sobre los salarios de trabajadores manuales tiene un efecto negativo del -5,9 % y sobre los no manuales, uno positivo del 3,3 %., por tanto, se deduce que el efecto global de la inmigración sobre los salarios de los nativos es negativo.

TRABAJO
CON ZAPATERO LOS OBREROS GANAN MENOS
En el año 2005 la remuneración real de los asalariados se redujo en casi un 1% y en lo que va de año un 1,4% (en términos interanuales)



Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) así lo demuestran, con el gobierno del PSOE ha aumentado la precariedad laboral y las condiciones laborales de los trabajadores han empeorado.

Si en el año 2003 el 31,8% de los trabajadores tenía contratos temporales, a día de hoy nos situamos ya en el 33,3%. Pero hay otra fuente de precariedad que también debemos computar y que cada día es más utilizada, los contratos de trabajo a tiempo parcial, con una jornada en teoría reducida, pero que en la práctica se prolonga más allá de lo pactado, como si de a tiempo completo se tratase. Esos trabajadores, que en el año 2003 suponían el 8,2% de los ocupados, ascienden ya al 12,4% en 2005 y en el primer trimestre de 2006.

Tampoco la remuneración de los trabajadores sale bien parada con el gobierno socialista. Los sueldos de los asalariados crecieron en el año 2003, con el gobierno de Aznar, en un 3´4%, sin embrago con Zapatero en el poder los salarios de los obreros crecieron tan solo al 2,6 %. En el año 2005 la remuneración real de los asalariados se redujo en casi un 1% y en lo que va de año un 1,4% (en términos interanuales).

El panorama cambia por completo si atendemos a los resultados empresariales de las grandes empresas españolas. Según los datos del INE los beneficios de las empresas que cotizan en la Bolsa de Madrid, agrupadas por sectores significativos han experimentado un notable crecimiento. En conjunto, estas empresas han incrementado sus beneficios un 40,2% en el año 2005. Destacan las empresas del Sector Energético (Gas Natural), con un crecimiento de beneficios del 48,5%, pero sobre todo ha sido la Banca quien más beneficios ha obtenido. Con un 49,8% de crecimiento en rendimientos, nuevamente el Sector Financiero, nos demuestra a quien realmente beneficia el régimen.

Anónimo dijo...

¿Contradicciones, donde? ¿ ultraderecha? ¿ defender tu identidad y tus derechos en tu tierra es ser de ultraderecha? como sois los progres. Siempre agitando el fantasma de al ultraderecha y del fascismo, sin saber ni lo que es. ¿ Donde gobierna la segun tu, ultraderecha en Europa? que yo sepa en ningun sitio, porque incluso cuando Haider entro en el gobierno de Austria tus progres amigos de la Union Euroepa pusieron sanciones a Austria e incluso pusieron como condicion para reconocer al gobierno austriaco que Haider no estuviera en el gobierno, asi es como los progres veis la democracia, claro que sois progres de carton piedra, con el corazon en la izqueirda y la cartera en la derecha, poniendo ricos a los empresarios y a las oenes con el dinero publico y abandonando a los trabajadores españoles, manipulando y falseando la historia con la mafia zETApriose, creeis que el pueblo es tonto, pero no lo es y algun dia os pasaran factura, en cuanto a los inmigrantes estos se rien y aprovechan de vosotros, conozco el caso de un proinmigracionista que de tanto ir el cantaro a la fuente la muejr termino liada con un negro.
Si defender la identidad es ser de ultraderecha, ¿ como se llama promover la invasion de lanacion y el sojuzgamiento del pueblo? se llama TRAICION, vivimos una invasion y en toda invasion hay colaboracionistas, esos son los progres y cia, como ese subdirector del que decia ser el diario mas leido de almeria, que alardeaba del "rojismo" de su padre, cuando en realidad su papaito era el secretario de Juan Aparicio, secretario de prensa y propaganda dle Movimeinto franquista, por eso el nne pudo estudiar en el extranjero , con el dinero del regimen que ahora niega, como San Pedro con Jesus, o como ese Haro Tecglen que iba tambien de rojito y luego resulta que era la mano derecha del Padre de Aznar y cantaba loas a Franco y Jose Antonio, se justificaba diciendo que era para poder comer, vamos que desconocia la palabra "dignidad" porque cuando uno lo ha perdido todo lo que queda es la dignidad y si ha de moririse habre por sus ideas se muere, pero abrazar el regimen y luego muerto el dictador renegar del negocio, pero los progres teneis mas morro que un oso hormigero, y como dice Perez Reverte, sin duda segun vosoros tambien un fascista: " para las traidores ejecucion sumaria al amanecer".
El pueblo trabajador español os pasara factura, no lo dudeis, claro que vosotros estariais encantados de poder establecer de nuevo las chekas, ya que tanto agitais el espatanjo de la ultra, el fascismo y la guerra civil, porque es el unico discurso que teneis, y nada si te vas de aqui, cuanto menos bulto , mas claridad. De todas formas es vuestro modo de actuar cuando algo no se os rinde a los pies, es que es de ultra derecha o fascista, mientras tanto jaleais a lso asesinos como Castro y compartis ideologia con los genocidas Stalin, Pol Pot, en fin sois los pijo-progres. Nada iros a tomar "Cafe con Naveros"ejemplo fiel del pijo-progresismo local y fosil del 68.
Agur.

Anónimo dijo...

Señor Director:

Según el presidente de Canarias, los menores que llegan en los cayucos nos cuestan a los españolitos 30.000 euros al año hasta que cumplan los 18.

¿Puede un país como el nuestro asumir ese gasto incesante?, sobre todo si vemos como muchos hijos de trabajadores humildes no pueden seguir estudiando ya que necesitan ayudar a sus familias.

Aquí no todos tenemos la suerte del señor Caldera, Montilla, Zapatero que pueden mandar a estudiar a sus hijos a colegios donde la inmigración no esta presente, estos solidarios de pacotilla practican la solidaridad con lo que no les corresponde, así es muy fácil hacer demagogia de salón a costa de los derechos sociales que en teoría son de los españolitos mas humildes.

Señor Zapatero, si quiere demostrarnos su solidaridad, llévese usted a su "casa" a unos cuantos de los que llegan, pero claro una cosa es predicar y otra muy diferente es dar trigo.


Feliciano González